Grandes obras del Arte Griego en los Museos Vaticanos

Grandes obras del Arte Griego en los Museos Vaticanos

En los Museos Vaticanos se encuentran obras famosas del arte griego como el Nilo que fue protagonista de un conflicto diplomático entre el gobierno francés y el Estado Pontificio; también el Laocoonte cuya historia ha sido narrada en diversas ocasiones con la versión más conocida del mito de Virgilio en la Eneida; el Torso de Belvedere conocida como la “Escuela de Miguel Ángel”; y cómo no destacar el Apolo de Belvedere que sin lugar a duda, es una de las estatuas más famosas del Museo Pío-Clementino.

Son realmente obras maestras del arte griego, admiradas por muchos y con una historia fascinante, la cual te la contamos brevemente.

Nilo

Roma, galería de fotos

La escultura del Nilo constituye una copia romana de una original griega de mármol del siglo I D. de C. En 1815, el Nilo fue protagonista de un conocido conflicto diplomático entre el gobierno francés y el Estado Pontificio, tras la derrota en Waterloo el Vaticano solicitó a Francia la devolución de todas las obras de arte que las tropas napoleónicas habían saqueado de Roma en 1797 como botín de guerra. Los franceses negándose a entregar de vuelta estas obras, en especial el Nilo, ofrecieron una propuesta inaceptable para el papa, la cual consistía que en lugar del Nilo ofrecían el colosal desnudo de Napoleón realizado por Canova, finalmente el Nilo fue devuelto, a partir de la primera mitad del siglo XVI decoraba una fuente del Patio del Belvedere, en los Palacios Vaticanos.

A lo largo del tiempo esta escultura ha atraído a artísticas y a apasionados del arte por su alegoría al Nilo. La escultura representa al majestuoso río egipcio, bajo la forma de una cordial divinidad, la esfinge que está al lado de la figura humana no deja lugar a duda para su identificación. La pose del anciano apoyado con delicadeza sobre su brazo izquierdo, evoca el lento discurrir del gran curso del agua, donde ni siquiera el cocodrilo de la izquierda está representado como un animal peligroso, sino como un compañero de juegos de los tres querubines que lo rodean. Estos dieciséis querubines en total, constituyen el elemento más difícil de descifrar de esta alegoría, un pasaje del historiador romano Plinio el Viejo, ayuda a comprender el significado de estas figuras; el caudal del Nilo, durante las inundaciones, podía llegar a crecer hasta en dieciséis cúbitos y supuestamente cada querubín representaría una de estas unidades romanas de medida lineal.

Más información puedes ver aquí en la descripción que hace el Museo Vaticano.

Laocoonte

Roma, galería de fotos

La historia de Laocoonte, sacerdote de Poseidón (o Neptuno para los romanos) ha sido narrada en repetidas ocasiones, pero la versión más conocida es la del mito de Virgilio en la Eneida, donde cuenta el mito que después de años inútiles de asedio, los griegos deciden tomar Troya a través del engaño, aconsejados por el astuto Ulises, simularon que abandonaban su campamento zarpando con todas sus tropas, dejando delante de las puertas de la ciudad un enorme caballo de madera. Cuando se despertaron los troyanos, incautos a causa de la aparente victoria, decidieron llevar el misterioso regalo griego dentro de las murallas de la ciudad, Laocoonte intentó en vano disuadir a sus conciudadanos, tratando de hacerles ver que se podía tratar de una trampa, con extremada violencia y fuerza tiró una lanza contra el caballo, el sonido de la lanza al chocar con el gran caballo, fue hueco, lo que reveló que en su interior podía esconder a guerreros enemigos, aun así nadie quiso escucharle y ante el desafío de Laocoonte, en ese momento emergieron de las aguas dos grandes serpientes mandadas por Atenea, Caribea y Porce, devorando a sus hijos, angustiado Laocoonte se lanza a luchar y también resulta devorado. De la tradición de Virgilio se interpreta que el castigo de Laocoonte se debe a la profanación que supone tratar de destruir un regalo a la deidad.

Según las fuentes antiguas, existe una sola mención por el historiador romano Plinio el Viejo, que cuenta que la obra se encontraba en la casa del emperador Tito y proporciona el nombre de los tres artistas que la esculpieron, Agesandro, Atendoro y Polidoro.

En el Laocoonte los tres escultores han representado una amplia variedad de sentimientos. En el centro, el rostro  contraído del padre que expresa su desesperada lucha por salvar a sus hijos y a él. A la izquierda, el hijo pequeño se retuerce de espasmos producidos por la inminente muerte. Y a la derecha el hijo mayor horrorizado e impotente por la irremediable muerte de su padre y hermano, consciente de sufrir la misma suerte.

Ver más sobre la historia de Lacconte y sus hijos aquí. 

Torso de Belvedere

Grandes obras del Arte Griego en los Museos Vaticanos

No es ninguna curiosidad que el Torso de Belvedere también sea conocido como la “escuela de Miguel Ángel”, ya que la fama de la escultura depende en buena parte por la admiración que, según sus contemporáneos, el artista sentía por ella. La retorcida pose del torso y su extraordinaria musculatura tuvo una gran influencia en artistas incluidos Miguel Ángel como también en Rafael Sanzio. Miguel Ángel estudió la pose nerviosa, la musculatura bien diseñada y se inspiró en el torso para construir sus figuras, incluso, se puede reconocer este modelo en algunos de los desnudos que se retuercen en la bóveda de la Capilla Sixtina, llegándose incluso a entender el motivo por el cual la antigua escultura fue llamada la “escuela de Miguel Ángel”

La estatua entró a formar parte de las colecciones papales inmediatamente después del 1506 y fue colocada en el Patio del Belvedere, del que tomó prestado su nombre. La identidad del autor del Torso de Belvedere se conoce gracias a una inscripción en griego que se encuentra en la base de la escultura “hecha por Apolonio, hijo de Néstor, ateniense”.

Aquí puedes ver más sobre la obra de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.

Apolo de Belvedere

Grandes obras del Arte Griego en los Museos Vaticanos

Es una de las estatuas más famosas del museo Pío-Clementio, la cual representa al dios griego Apolo. Fue descubierta en 1489 cerca de Roma y pocos años después el papa Julio II hizo colocarla en el patio Belvedere, que precisamente en aquellos años estaba construyendo el arquitecto Donato Bramante.

Ver más sobre el Apolo de Belvedere aquí.

El arte griego ha sido tremendamente significativo para la civilización occidental y tenemos la suerte que ha perdurado hasta nuestros días pudiendo admirarla en los Museos Vaticanos y en otros importantes museos del mundo. Esperamos te guste este post y te aporte culturalmente.

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